Emili...
viernes, abril 27, 2012Hola, supongo que la lluvia, el frió y la enfermedad, me han inspirado, no pretendo nada con esto, es solo un extracto mental de algo que puede formar parte de un todo por si mismo o complementar a un todo ya hecho... espero entretener y perturbar sus mentes por algunos minutos, porque lo demás esta en proceso. Cariños *O*
Llego a la hora, como todos los días viernes a las tres de la tarde. No hacia mucho calor, pero el ventilador siempre se mantenía encendido a petición de la Señorita Lucia; ella era la dueña de la consulta, una psicóloga poco convencional, relativamente joven, bella y con algo de carisma, mas bien parsimonia.
La recepción, contenía dos pequeñas criaturas, a las que sus padres llaman "problemáticas"; una de ellas, Emili, no paresia en absoluto un problema, mas bien, paresia la bendición de cualquier familia, claro esta, que de cualquier familia normal. Al decir normal, no me refiero a una familia sobrenatural o ficticia, mas bien, una familia normal, con un padre, madre, hermanos, tíos, abuelos. Emili no tenia esa familia, tenia una mama excéntrica , la cual se gastaba todo su tiempo en el trabajo, en juntas o con amigos y un padre que al llegar cada tarde del trabajo, se metía con la sirvienta a vista y paciencia de ella... (¿ sabían que ella existía y estaba en casa todos los martes a esa hora?) Y ahora que Emili harta de ser ignorada, de estar rodeada de "amigos" superficiales, alcohólicos o drogadictos, con similares problemas a los de ella; intentando hablar con sus padres interminables veces, decidió acabar con todo de una vez... la tomaban en cuenta solo para gastar 2 hrs. de su vida cada semana, llamándola loca; es que ¿era posible mantener la cordura en una situación, una vida, así ? Ella sabia que la respuesta era no.
Aun conservaba las marcas en sus muñecas, ese día, en el que todo acabaría... pero que nada había pasado. Y ahora, dentro de la recepción, esperaba que la psicóloga, a la que juzgaba por tonta y falsante, sin mencionar, absolutamente desinteresada en sus problemas e interesada en el dinero; le preguntara por enésima vez : -¿por que lo hiciste?, ella diría, como las otras veces: - No lo se. Es que, era insólito aceptar tal humillación sabiendo que en realidad la "señorita Lucia" no quería saberlo.
- Emilia Ibañez, pase por favor. - para rematar, la consulta era totalmente despersonalizada, al mas puro s. XXI, pero agobiante, todo por esas pantallas led que queman la cornea. Ella lo odiaba. Se levanto y camino lentamente hasta la oficina, no quería tocar la manilla, no quería oír la voz de aquella ex universitaria exitosa diciéndole como hacia que su propia vida fuera deprimente. Pero... tenia que hacerlo.
- Buenas Tardes, asiento por favor... - y su sonrisa, petulantemente hermosa y sarcástica... la odiaba.
- Si claro... - se sentó y estiro su jumper, venia del colegio.
- Dime, ¿como te has sentido últimamente? - Emilia la miro horrorizada, ¿ le tomaba el pelo o no tenia raciocinio? Como cree que se sentiría, ahora que sus compañeras la miraban con lastima y sus padres habían sumado discusiones constantes al matrimonio, aparte de todo lo demás... De todas formas, sabia lo que tenia que contestar.
- Mejor.
- Me alegro - si al menos la mirara cuando hablaba, podría ver la pena en sus ojos, como ella solía identificarla en los demás; pero ni eso... como la odiaba. - Si seguimos así, pronto terminaremos. - sonrió.
- Lo se... pero eso a usted no le conviene ¿verdad? - por primera vez, la psicóloga dejo el teclado y le dirigió una mirada penetrante.
- ¿ que se supone que quieres decir? - Emili lo había decidido a ultima hora, lo haría simplemente, dejaría las mentiras, para dañar con la sucia verdad.
- La verdad, usted solo ha escuchado lo que se que quiere escuchar, se que solo le interesa el dinero, porque ni siquiera ha pensado lo que le dije la primera vez, cuando ilusamente creía en usted. Se lo que quiere y se que pretende con mis padres cuan mejor me encuentro, pero "señorita Lucia" debo sincerarme y decirle que usted: NO ME HA AYUDADO EN NADA. - se paro, tomo su mochila y salio. Preocupada en avanzar rápido y llegar al ascensor, no se intereso en escuchar su nombre a lo largo del pasillo; se permitió una que otra lagrima en el rostro mientras iba en el ascensor y al llegar abajo; aun confusa y acelerada, opto por el metro... iría donde, no tenia donde ir.
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