Que raro es estar aquĆ de nuevo. En esta casa, en esta pieza, con esta ventana que poco alumbra y hiela todo.
Que raro estar aquĆ de nuevo, sentada, unos aƱos mĆ”s grande y sólo un poco menos perdida. Porque en el fondo, en la mitad del laberinto, nunca me he encontrado. Que raro ser una persona sola, independiente, que se cansa del vacĆo y del olvido. Que ama cómo es pero que sabe, puede ser tanto mĆ”s. Las limitaciones, alimaƱas que viven dentro, situaciones que aĆŗn no puedo dejar ir del todo y aquĆ estoy, aquĆ sigo, luchando y remando sola, por mi, por mi yo destrozado que emana una ingustia insoportable por superar el dolor de mis oĆdos cuando me escuchan quejarme por lo mismo una y otra vez.
¿QuĆ© estoy haciendo? ¿QuĆ© es lo que realmente puedo o podrĆa hacer? Nunca es de dĆa ni nunca es de noche en mi cabeza. Los dĆas parecen iguales pero son infinitamente diferentes.
Me aburro tan rƔpido.
Mientras mĆ”s se parecen a mi, mĆ”s me aburro. Y asĆ, me he perdido de nuevo, esa oportunidad de ser mĆ”s valiente. De jugarmela por todo lo que quiero. De esar pedacitos de todas esas mujeres que admiro. ¿Por quĆ© me da tanto miedo hacer lo que me gusta? ¿Por quĆ© me da tanto miedo ser mala en algo? Por sĆ, es fracaso, y el fracaso no lo soporto.
Puedo notar cuĆ”n rota estoy cuando trato de retomar a mis filósofos favoritos y no soy capaz de leer esas pĆ”ginas que reconozco a la perfección en mi memoria. Estoy rota. Estoy maldita. Quiero ser bruja pero me dan miedo las repesalĆas, quiero ser valiente pero le temo profundamente al pensar de los demĆ”s. Quiero ser una mujer autosuficiente, pero ni siquiera notó todas esas cosas que hago dependiendo de otra persona.
¿QuiĆ©n soy en realidad? ¿QuĆ© es lo que realmente veo o vivo o lloro? ¿QuĆ© es lo que realmente me duele de no poseer todo lo que deseo?
La mayorĆa de mis deseos son inmateriales, pero en un afĆ”n por sentir algo de control, algo de oportunidad futura, he transformado todo en objetos y acciones. Cosas tangibles, que pueda ver, que pueda recordar con mis ojos y decir: "Yo lo hice. Lo hice".
La mayorĆa de mis deseos son inmateriales, pero en un afĆ”n por sentir algo de control, algo de oportunidad futura, he transformado todo en objetos y acciones. Cosas tangibles, que pueda ver, que pueda recordar con mis ojos y decir: "Yo lo hice. Lo hice".
Pero que lamentable es entender que asà no es la vida y que asà no soy yo. Que me arrepiento profundamente de racionalizar mis sentimientos, de expresar mi tristeza y anhelos mÔs profundos de ser una persona amada y cosas.
Cosas. Objetos materiales que tan fÔcil como llegan, se rompen. Que tan fÔcil como disfrutas, olvidas. Que no son parte de ti en ninguna, pero absolutamente ninguna forma real. Tú dependes de ellos, o eso crees. Pero ellos no de ti. Y de improviso, nuevamente son parte de esa suma de cosas que obtuviste para acallar un dolor inhumano y latente que no te dejaba dormir. Que te quitaba las ganas de ser alguien. Que te preguntaba por la razón de tu propio existir.
¿QuiĆ©n soy? ¿QuĆ© es lo que mĆ”s quiero?
Pero muy en el fondo, sé y reconozco que quiero todo. Pero mÔs que eso, quiero ser amada. Amada por mi y amada por todos. Si pudieran sólo decirme que me aman. Si tan sólo yo misma pudiera mirarme al espejo sin sentir que soy despreciable y pudiendo realmente amarme.
CĆnica. Soy una cĆnica cada vez que intento empezar de nuevo. Porque sĆ, todos dicen que debes partir amĆ”ndote a ti mismo, pero cómo. Si te odias, te aborreces, eres horrible, eres mentirosa, eres amargada y criticona. Eres detestable. Eres fea y poca cosa.
¿Cómo te amo despuĆ©s de creer todo eso de ti?
¿Se puede?
¿CuĆ”ndo, en quĆ© momento de tu vida es que te enseƱan a amarte por sobre todo?
Y si nadie te enseƱa, ¿Cómo es que entonces lo aprendes?
Estoy cansada de dar vueltas en cĆrculos sin encontrar una respuesta. Sin tener Ć©xito en ningĆŗn intento. Todo parece una mentira tan grande. Entender que no puedes dar ni recibir nada si no te amas. Es verdad, pero es tan difĆcil. NingĆŗn filosofo te enseƱa nada. Nadie te entiende porque tu tampoco entiendes al otro en sus peores momentos. Y asĆ, Lipovetsky tiene razón cuando dice que todos estamos vacĆos.