Hoy descubrí que han pasado casi 7 años desde ese día. En mis recuerdos, es tán fresco, que pensé que había sido hace menos tiempo.
Eisntein tiene razón cuando dice que el tiempo es relativo.
Para mi, eso paso ayer. Y lo que realmente pasó hace dos días, se siente tan duro como si fueran años.
¿Qué hice?
Una y otra vez la misma pregunta.
Y todo lo que sé, es que quiero correr.
No lejos de ti, sino, directo a tus brazos.
Lo chistoso es que, hace unos años, que en realidad fueron tres días, podía hacerlo libremente.
Y ahora, me temo, chocaré con una muralla.
Observar en silencio es algo confuso y difícil de hacer.
Las células y neuronas de mi cuerpo están siempre en movimiento. No logro callar a mi cerebro ni obviar ningún pensamiento.
El silencio no existe.
Y si logra existir erea Yoda o Avatar.
Y entonces, esta sensación recurrente me llena. O al menos eso intenta: frustración y pena mezcladas con algo de absoluta rabia sostenida por recuerdos imborrables y definitivamente estáticos.
No puedo vivir así.
Cada vez que algo pasa, vinien a mi mil momentos. Imágenes, sensaciones, sonidos y emociones. Me invaden como hormigas subiendo por la piel. Y al no saber como drenarlo, me están pasando dos cosas:
- Lloro.
- Me enojo con todo y todos.
Y justo eso, justamente todo eso, es la persona que yo no quiero ser.
Me encantaría ser como esas personas que vibran alegría y son como imanes. Que su sonrisa es verdadera, real, energética, y su cara no está llena de problemas.
Me gustaría tener suficiente energía para hacer algo bueno por el mundo.
Pero por sobre todo, me gustaría poder hacer algo por mi.
Para sentir que no tengo un problema.
Sentir que soy suficiente.
Creerme el cuento y entender que soy capaz de lo que sea que quiera hacer.
Y pintar. Y pensar positivo. Y soñar. Y hacer algo con esa energía que la mayor parte del tiempo gasto solo pensando en qué hacer sin hacer nada.
Quisiera ver que puedo materializar mis sueños.
Parece que no soy la misma de antes.
Todo esa yo rebosante de alegria y optimismo se ve tan lejana.
Y no quiero sentir nostalgia.
Solo quiero empoderarme de quien soy.
¿Cuánto tiempo hay entre tiempos?
Desperté, más tarde de lo normal con mucho tiempo para hacer y disponer.
Y ante la confusión, no hice nada, y perdí todo un día.
¿Cuánto tiempo toma decidir?
¿Cuántas oportunidades se pierden entre medio?
Me gustaría saber tantas cosas.
Como en qué pensaba Julio Verne cuando estaba deprimido, o cuántas hojas hay en el mundo que se extinge.
Quisiera volar como las ardillas. Y planear sobre los problemas.
Ser poeta entre museos perdidos y una griega en el mundo antiguo.
Estoy tan cansada.
Tengo 23 años.
Una vida por delante, pero una vida muy dura por detrás.
No por los callos en mis manos, que son suaves comparadas a las de mis abuelitas.
Una vida con mucha responsabilidad emocional.
Con mucha pena adquirida.
Mucho dolor, ajeno, que hago mío.
Me destruyo.
Me destruyen.
Me piden ayuda sin yo contar con nadie.
Y no puedo negarme.
La doi.
Trato de dar.
Todos los días.
Como los árboles.
Que dan sombra. Dan flores. Dan hojas otoñales para pisar. Regalan el sonido de sus ramas crujiendo y el olor a tierra mojada de sus raíces. Dan un lugar para que los pájaros descansen y un columpio para olvidar las penas.
Un árbol que da.
Con sus grandes raíces.
Pero mis raíces no son tan fuertes.
No soy un árbol.
Y aunque lo fuera me talarían.
Porque aunque lo de todo.
Las personas son malas.
Y la soledad me come otra vez.
Mientras resisto ante el foso más oscuro.
Los latidos apagados.
Las manos vacías.
La mirada sigue vive.
Y me interrumpe.
En la mitad de una palabra.
En la forzada sonrisa.
Ahí esta. Como una enfermedad.
El recuerdo doloroso.
De todo lo que no hice ni hago.
Y todo lo que no puedo ni podré hacer.
Y de lo sola que estoy mientras siento el mareo y las naúseas.
Cuando entiendo que la vida es más insingnificante y dolorosa de lo que pensaba.
Me aferro a lo único que tengo.
La indiferencia.
Que me permite no quebrarme.
Que me permite simular que sigo viva.
Para que no se vea como me hundo entre los pedazos de mi misma.
Para que nadie escuche que necesito que alguien me arme.
O que alguien pudiese preocuparse de mi.
Porque en el fondo sé que soy lo último.
Que no importa cómo me sienta.
Ni que tan alto grite en lo hondo.
Los que no escuchan es porque no quieren.
Resignación es mi alma.
Acostumbrada a no tener donde afirmarse.
Perdida entre el vacío.
Nunca ha habido alguien.
La sorpresa irreversible llegará.
Y recurriré a la indiferencia.
Al "no me pasa nada".
A consolar a quienes me necesitan.
Pero cuando la máscara se caíga.
Cuando mi dolor sea insoportable.
Solo me quedará el espejo.
Y en su reflejo alguien llorará por mi alma.
Para luego decirme "basta".
¿Por qué no recuerdo TODO lo malo, y sí algunas cosas malas. Como tampoco recuerdo TODO lo bueno, aunque sí algunas cosas buenas?
A veces me pregunto si esa historia que existe entre mis hermanos, donde una yo de tres años dice que eligió a mi mamá como su madre para salvarla, es cierta. Porque claramente, no la he salvado de absolutamente nada.
Inclusive a veces siento que me odia, como si fuera una pulga que la chupa en la noche mientrar intenta dormir. Porque sí, uno no tiene nada contra la existencia de la pulga, ni rencor, ni rabia, hasta que la muerde. Y mis mordeduras serían para mi madre, mi extrema sinceridad.
Mi extrema sinceridad que cayé por años y ahora esta pasando la cuenta a todo el mundo.
...
Mi extrema sinceridad, hoy me dice "estás gorda".
Sí.
Porque siempre he sido delgada comiendo mucho. Entonces ahora, seguí comiendo igual, pero de la nada, subí dos kilos. Y pienso "¿Será porque cumplí 23 años?". ¿Será porque mi cuerpo ya no funciona igual, y ahora debo cuidarme de cada dulce, chocolate, cabrita, completo, empanada y pan con mantequilla?
No lo sé. No hay certeza de nada.
Sólo tengo certeza de que mientras yo engordaba, el Gio (mi novio) adelgazaba y se ponía fortachon (baba). Y yo, engordaba y me ponía más fofa (bye).
A veces, muy seriamente, creo que tengo una depresión muy fuerte. Pero me miro al espejo, con mis ridiculeces, y mi optimismo. Y pienso, igual que pensó J.K.Rolling, que "sólo soy una persona buena, a la que le han pasado muchas cosas malas", y que igual que Harry, no soy mala, ni tengo depresión, sólo actúo y sobrevivo en mi camino y lucha constante por vivir en paz. Por tratar de ser feliz, por llenar mi corazón ayudando en lo que pueda.
Y sí, soy incomprendida. A veces, incluso por mis amig@s. Entonces ¿cómo le puedo pedir a mis padres, 40 años mayor, que me entiendan? Si yo no soy materialistas, es decir, no pueden verse porque siempre intento ayudar espiritualmente a los demás. ¿Cómo les puedo pedir a mis padres que vean algo en el mundo de lo intangible, cuando ellos, están acostumbrados a los efectos materiales del comportamiento humano?
Entonces, ¿quién soy? ¿Si no es reflejo de lo que ellos no? Y como puedo odiar a Aristóteles, si mis pensamientos funcionan en razón de la oposición, de la filosofía Hamlet entre el ser y no ser, del "pienso y luego existo", por lo tanto, si no pienso, no existo?
¿Quién soy?
Me gustaba tanto verte.
La dicha que me invadía por días era inmensa, cuando sabía que volveríamos a vernos.
Mi corazón se iluminaba y aunque fueran varios días, todo pasaba rápido hasta ese instante.
Cuando te veía sonriendo, mi corazón galopaba por lanzarme en tus brazos.
Cuando te veía y sonreía, mientras me esperaba con los brazos abiertos.
Y me tomabas mientras yo enterraba mi cara en tu cuello.
Y te abrazaba mientras olías mi cabello.
Y ahora todo es tan diferente...
Se volvió algo triste e indiferente.
Saber si nos veremos o no, el más pesado trámite.
Coordinar un momento suena a ratos imposible.
Y cuando al fin te veo. Tu ya no sonríes. Yo no sonrío.
Mi corazón camina rendido esperando que todo no termine en un desastre de nuevo.
Mi estómago se aprieta ante tu mirada.
... tal vez debí decir que no podía venir.